El segundo periodo de la conquista de Canarias presenta las siguientes características que la diferencia del periodo anterior:
* La dirigió y armó la Corona castellano-aragonesa de los Reyes Católicos.
* La financiación de la empresa corrió por cuenta de la Corona y de particulares interesados en la explotación económica de los recursos de la isla.
* Afectó a las islas de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, las más pobladas y las que ofrecían mejores perspectivas económicas.
* En las tres islas, pero especialmente en Gran Canaria y Tenerife, los aborígenes mostraron una clara y prolongada resistencia a la conquista.
Conquista de Gran Canaria 1478 - 1483 [editar]
Podemos distinguir tres etapas en la conquista de Gran Canaria:
a) Etapa inicial, junio - diciembre de 1478. El 24 de junio de 1478, desembarcó en La Isleta, la expedición mandada por Juan Rejón y el deán Bermúdez, representante del obispo del Rubicón Juan de Frías, uno de los financiadores de la conquista. Ese día, junto al Guiniguada, se fundó el Real de Las Palmas. Pocos días más tarde tuvo lugar en las proximidades del Real el primer enfrentamiento en el que los isleños fueron derrotados. Esta victoria inicial les proporcionó a los castellanos el control de la esquina noreste de la isla.
b) Resistencia aborigen y divisiones castellanas, desde finales de 1478 hasta 1481. La resistencia aborigen en el interior montañoso de la isla, la falta de hombres y medios materiales y las desavenencias internas en el bando conquistador, constituyen las principales marcas de este periodo. Durante esta etapa Juan Rejón fue destituido por orden de los Reyes Católicos. Su lugar lo ocupó Pedro Fernández de Algaba, que fue posteriormente ejecutado por orden del destituido Rejón. El nombramiento de Pedro de Vera como nuevo gobernador de la isla y la detención de Juan Rejón, puso fin a los conflictos internos que se habían prolongado hasta 1481.
c) Final de la resistencia aborigen y conquista de la isla, 1481-1483. Pedro de Vera, ahora jefe indiscutido de los castellanos, reemprendió la conquista del interior de la isla y el guanartemato de Gáldar. Contó para ello con la llegada de nuevos refuerzos humanos aportados por Diego García de Herrera, que envió un numeroso contingente de gomeros. La captura de Tenesor Semidán, guanarteme de Gáldar, por parte de Alonso Fernández de Lugo, será un factor decisivo para la culminación de la conquista. Tenesor Semidán fue enviado a Castilla, donde fue bautizado con el nombre de Fernando Guanarteme y se convirtió en un fiel y valioso aliado de los conquistadores.
Tras la caída de Gáldar, la resistencia aborigen se trasladó a las zonas montañosas del interior, donde Bentejuí, tras unificar a gentes de los dos guanartematos, y contando con el apoyo del faycán de Telde y con las princesas galdenses Masquera y Guayarmina, organizó la última resistencia aborigen. A pesar de algunas victorias parciales (Ajódar, Bentaiga), los aborígenes depusieron finalmente las armas en Ansite, donde, por mediación de Fernando Guanarteme, se produjo la rendición el 29 de abril de 1483. Bentejuí y el faycán de Telde se despeñaron para evitar entregarse a los castellanos.
Conquista de La Palma. 1492 – 1493 [editar]
Alonso Fernández de Lugo, quien tuvo una destacada actuación en la conquista de Gran Canaria, obtuvo de los Reyes Católicos los derechos de conquista sobre las islas de La Palma y Tenerife. Los acuerdos con la Corona incluían, además de un quinto de los cautivos apresados, setecientos mil maravedíes si la conquista de La Palma la realizaba en un plazo de un año.
Para financiar la empresa conquistadora, Alonso Fernández de Lugo se asocia con Juanoto Berardi y Francisco de Riberol. Cada uno participaría con un tercio de los costos de la empresa y de la misma proporción, en los beneficios.
La conquista fue relativamente fácil. El desembarco castellano se produjo por Tazacorte el 29 de septiembre de 1492. El conquistador hizo uso de acuerdos y pactos con los aborígenes palmeros en los que se respetaban los derechos de los jefes y la plena igualdad con los castellanos para atraerlos hacia su causa. La resistencia fue mínima, excepto un episodio en Tigalate y una resistencia mayor en el cantón de Aceró (Caldera de Taburiente). En ella, su jefe Tanausú se hizo fuerte aprovechando las condiciones orográficas de la zona, con sólo dos accesos de fácil defensa que impedían la penetración castellana.
En vista de que el plazo de un año se vencía y ante el temor de perder la prima de setecientos mil maravedíes, Fernández de Lugo propuso una negociación que tendría lugar en los Llanos de Aridane. Fuera de la Caldera, los castellanos tendieron una emboscada a Tanausú, que derrotado y capturado por los castellanos, fue enviado a Castilla como cautivo. En el camino de ida se dejó morir de hambre. La fecha oficial de finalización de la conquista se sitúa en el 3 de mayo de 1493. Una parte de la población de Aceró y de otros cantones con los que había firmado pactos de sometimiento, fue vendida como esclava, y la mayoría se integraría en la nueva sociedad formada tras la conquista.
Conquista de Tenerife 1494-1496 [editar]
En diciembre de 1493, Alonso Fernández de Lugo obtuvo de los Reyes Católicos la confirmación de sus derechos de conquista sobre la isla de Tenerife y, a cambio de renunciar a la prima prometida por la conquista de La Palma, reclamó el gobierno de la isla, aunque no obtuvo participación en el quinto real.
La financiación de la conquista fue llevada a cabo con la venta de sus plantaciones de azúcar en el valle de Agaete, obtenido tras la conquista de Gran Canaria, y asociándose con comerciantes italianos asentados en Sevilla.
Tenerife estaba dividida en el momento de la conquista en nueve menceyatos. Por su actitud ante los castellanos, cabe distinguir el bando de paz, que se mostró neutral o proclive a los castellanos. Eran los menceyatos del sur y del este (Anaga, Güímar, Abona y Adeje), es decir, aquellos que habían tenido más contacto con los castellanos a través de la actividad misionera (Candelaria). El bando de guerra agrupaba a los menceyatos del norte (Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icoden y Daute). Mantuvieron una resistencia tenaz a la invasión.
En abril de 1494, y procedente de Gran Canaria, desembarcó el conquistador en la costa de la actual Santa Cruz de Tenerife con una tropa de peninsulares y canarios (gomeros y grancanarios, sobre todo) formada por unos dos mil hombres de a pie y 200 a caballo. Tras levantar un fortín se dispuso a adentrarse hacia el interior de la isla. Intentó un acercamiento a los bandos de guerra y a Bencomo, mencey del más importante menceyato hostil le ofreció amistad, la aceptación del cristianismo y el sometimiento a la autoridad de los Reyes Católicos. El rechazo de las dos últimas condiciones hizo inevitable el enfrentamiento.
Representación de la Primera Batalla de Acentejo
El primer encuentro armado fue la célebre Primera Batalla de Acentejo que tuvo lugar en el barranco de Acentejo, en el municipio de La Matanza. Una tropa invasora de más de dos mil hombres se adentró por el norte de la isla en dirección al valle de Taoro (valle de La Orotava). El objetivo era doblegar a los guanches en el núcleo de su resistencia. Los guanches esperaron emboscados a los castellanos que, sorprendidos sufrieron un grave descalabro, perdiendo en la batalla el ochenta por ciento de sus fuerzas. Alonso Fernández de Lugo pudo escapar hacia Gran Canaria, donde preparó un nuevo asalto con tropas mejor adiestradas y más recursos financieros aportados por comerciantes genoveses y nobles castellanos. Los guanches, dueños de la situación, destruyeron el fortín construido por los castellanos
Con un ejército mejor armado y entrenado, el Adelantado retornó a Tenerife. Tras reconstruir el fortín de Añaza, se dirigió hacia los llanos de Aguere (La Laguna), donde en noviembre derrotó a Bencomo en la conocida como Batalla de Aguere, durante la cual el líder guanche cometió el error de presentar batalla en una zona llana. La caballería y los refuerzos aportados por Fernando Guanarteme, fueron decisivos para la victoria castellana. 1700 guanches, entre ellos Bencomo y su hermano (o hermanastro) Tinguaro, quedaron muertos en el campo de batalla. Al parecer, una epidemia posterior diezmó a los isleños, dejando a la mayoría que sobrevivieron enfermos o débiles, lo que se conoce como la "gran modorra", aunque su exacta dimensión e importancia en el resultado de la batalla permanece controvertida por algunos historiadores.
En diciembre de 1495, tras un largo periodo de guerrilla, saqueos y parálisis bélica, los castellanos volvieron a penetrar, esta vez desde el norte de la isla, en dirección a Taoro. Varios miles de guanches los esperaban en un barranco cerca del actual municipio de La Victoria de Acentejo, no lejos de donde se produjo la Primera Batalla de Acentejo. La victoria castellana en la Segunda Batalla de Acentejo, facilitó el hundimiento de la resistencia aborigen y el acceso al valle de Taoro quedó abierto. La batalla decidió la conquista de la isla de Tenerife y el punto final de la conquista de las Islas Canarias. Benytomo, nombrado mencey de Taoro y líder de la liga contra los españoles (bando de guerras), acepta el 25 de julio de 1496 la Paz de Los Realejos, donde junto a Acaymo de Tacoronte y Beneharo de Anaga firma el pacto por el cual los guanches de Tenerife se cristianizan y se confederan "a los reinos de las Españas". En septiembre de 1496, los distritos de Adeje, Abona, Daute e Icod, se suman al Pacto de Los Realejos, mientras que pequeños grupos residuales de rebeldes permanecen en las cumbres.
Los guanches vencidos de los bandos de guerra fueron vendidos como esclavos o trasladados a Gran Canaria. Otros escaparon hacia la zona sur de la isla, donde encontraron refugio entre sus paisanos de aquella zona. En agosto de 1502 se produce un pequeño rebrote de rebelión: Ichasagua es proclamado mencey de Adeje, restableciendo lo que se dio en denominar el "trono universal de Tenerife". Una expedición militar española contra los rebeldes, somete la sublevación tras varios meses y tras un acuerdo final con los sublevados, cuyo líder, Ichasagua, se suicida ante los ojos de los emisarios.
La conquista castellana del archipiélago canario se da por finalizada.
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